Y aquí estoy: totalmente en blanco mientras escucho Eric Clapton.
Debo escribir un ensayo para mañana, el tema es el periodismo en Venezuela. Sé de que va y cómo tengo que estructurarlo, pero mi cerebro se niega a cooperar y mis manos tampoco ayudan, son muy caprichosas ellas, en la coctelera sí escriben, pero en el famoso Word, no.
Así que aquí sigo, ensayando para un ensayo. No puedo comparar esto con un análisis profundo que sea digno de entregar a una profesora licenciada en Periodismo, pero me dieron ganas de hacerlo, y no tengo porque negarme este pequeño placer (que me sirve para quitarle las telarañas a mis neuronas).
Ahora que me pongo a pensar, creo que trabajo muchísimo mejor bajo presión. Estoy segura de que a eso de las 11 de la noche me va a llegar una idea súper buena y después no voy a poder parar de tantas cosas que voy a querer plasmar. También creo que esto es malísimo para mi salud, el estrés no le hace bien a nadie, y yo me estreso antes (porque no sé de que hablar), en el transcurso (porque lo que pienso no encaja con lo que escribo) y después de escribirlo (porque pudo haberme quedado mal). Pero bueno, la satisfacción al verlo impreso con sus margenes perfectos, su letra Times New Roman y su carpetita, vale todo el estrés, de veras que sí.
Después les digo que nota saqué

